Rolando Kelly, rector de la Universidad Andrés Bello

EN BUSCA DE LA EXCELENCIA

Rolando Kelly

Continuar fortaleciendo el área de investigación, tanto en áreas científicas como biotecnología, biociencias moleculares y físico química, como en la humanista, es uno de los objetivos de la UNAB en su búsqueda para ser considerada como una de las mejores del país el año 2010.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A casi un año de asumir como rector, Rolando Kelly Jara está entusiasmado con los resultados del proceso de admisión de la Universidad Andrés Bello, UNAB, aunque ese sentimiento puede estar relacionado con su empeño en que la casa de estudios superiores continúe el proceso de consolidación y sea un referente cada vez más importante ante las demás entidades privadas.

Rolando Kelly, ingeniero naval y master of science de la Oregon State University, se incorporó como profesor a la UNAB en 1992; luego se ocupó de la dirección de la Escuela de Ciencias del Mar; fue decano de la Facultad de Ciencias Básicas y Humanas, de la de Ecología y Recursos Naturales y, hasta asumir su nuevo cargo, se desempeñó como vicerrector académico.

En la ceremonia de investidura el rector Kelly señaló que es obligación de las instituciones, para perdurar en el tiempo, entregar a la sociedad los resultados que ésta espera de ella y más aún, superar los resultados de sus pares, para lo cual se debe hacer un desarrollo armónico de las labores académicas y administrativas fundamentales para alcanzar una de las metas que se ha trazado la UNAB, estar entre las tres mejores del país el año 2010.

 

¿Ha cambiado el plan estratégico de la universidad desde que usted asume en la rectoría?

No, lo que se hizo fue un cambio normal en la rectoría, dado por el cumplimiento de los períodos que contemplan sus estatutos. Hoy continuamos con el mismo proyecto que tenemos desde la obtención de la autonomía a fines del año 1999, proceso en el cual potenciamos las unidades académicas, organizándolas en cuadros y temas clave, y armando los primeros núcleos de investigación que participan en el sistema nacional de ciencia y tecnología.

 

¿Cuáles son los sectores de investigación mejor posicionados?

Nuestros caballos de batalla en investigación están centrados en tres aspectos fundamentales en que estamos muy bien posicionados: biotecnología, biociencias moleculares y físico química molecular, donde acabamos de graduar nuestro primer doctor. El programa está asociado al Departamento de Ciencias Químicas, que -conjuntamente con investigadores de la Universidad de Chile- crearon el primer Núcleo Milenio para la UNAB. En el área de las Biociencias Moleculares, en conjunto con la Fundación Ciencia para la Vida y asociados con la Universidad Católica, estamos insertos en el Instituto Milenio de Biología Fundamental y Aplicada (MIFAB), y en Biotecnología tenemos el Núcleo Milenio en Biotecnología Celular Vegetal (PCB-MN), además de otros proyectos.

Tal vez el cambio que hemos hecho, en consonancia con lo que están haciendo otros planteles universitarios, es reforzar los aspectos de investigación asociados con humanidades, educación y ciencias sociales, que a pesar de conformar un núcleo muy importante en la UNAB, su actividad en investigación se había ido quedando un poco atrás.

 

¿Qué soluciones se implementaron para solucionar ese tema?

Tardamos en configurar un departamento de investigación fuerte, tal como se hizo en ciencias. Pero estamos incorporando a esas áreas investigadores jóvenes que tienen muchos proyectos y además creamos el fondo especial Jorge Millas, en honor del destacado académico. Está diseñado específicamente para financiar proyectos de esta área, pero sin ser exclusivo para ellas, con lo que garantizamos que si algún investigador de otro sector, por ejemplo salud, quiere plantear un proyecto de naturaleza social que genere actividad en el sector, puede postularlo, pues tiene un carácter integrador que de alguna manera es un capital semilla que generará actividad en estas áreas, la que más tarde derivara en proyectos que postularán a fondos externos. Yo diría que ese es el único cambio, y que en ningún caso quita recursos a las otras secciones.

 

Universidades de excelencia

¿Cómo ha evolucionado la carrera de biotecnología?

Ha tenido mucho éxito. Ya está en su cuarto año de existencia y mantiene una gran convocatoria de postulantes con muy buenos puntajes. Actualmente tenemos 120 alumnos nuevos en Santiago y 30 en Viña del Mar. La carrera de pregrado la seguimos impulsando y lo mismo pasa con el postgrado de biotecnología, que hoy tiene alrededor de 30 personas inscritas y donde ya graduamos a nuestro tercer doctor.

Esto es similar con lo que ha pasado en nuestros otros doctorados, el año recién pasado graduamos cinco doctores en físico química molecular, programa que dictamos conjuntamente con la Universidad de Chile. Este programa y el de biotecnología, fueron acreditados durante el 2007 y son los únicos doctorados del área de ciencias que reúnen esa condición que sean dictados por universidades privadas, y para este año estamos concentrados en acreditar el de biociencias moleculares.

 

A propósito de ese tema y que tiene que ver con la competencia entre las instituciones privadas y tradicionales, este año vimos como la Universidad de Los Andes se destacó entre los planteles de educación superior vinculados con medicina, cosa que está pasando con otros planteles en otras áreas… ¿cómo percibe la transición que se está dando entre las universidades?

Hace poco leía una columna que el rector de la Universidad del Desarrollo, publicó en El Mercurio, donde sostenía que la diferenciación que se viene deja un poco atrás el tema de la estructura de propiedad, pues debería hablarse más bien de un grupo de instituciones de excelencia, que distinga los logros de todas las casas de estudios. Desde esa óptica hablar de “privadas” no tiene mucho sentido, así como no tiene que un grupo de 25 universidades sigan refugiadas en el Consejo de Rectores, cuya permanencia allí es por su antigüedad, pero que en el fondo agrupa instituciones destacadas y otras no tanto.

Yo creo que lo que está pasando lo vemos reflejado, por ejemplo, en los rendimientos de nuestros estudiantes de medicina, que han conseguido muy buenas notas en el examen Médico Nacional. Entonces lo que va a pasar es que se consagran universidades de excelencia, buenas, regulares y existen otros proyectos que es difícil que vayan a subsistir, tanto por las exigencias de la acreditación, como por las exigencias de los estudiantes, que centran su búsqueda en la calidad. En el proceso de admisión 2007 para los alumnos el tema de la acreditación era un factor que figuraba en el lugar 20 a la hora de elegir dónde estudiar. Ahora, según nuestras investigaciones, este factor subió al lugar número tres - luego del prestigio y los niveles de calidad de la docencia- porque sabe que su inversión en estudiar va a tener un valor agregado si su titulo proviene de una universidad acreditada.

 

¿Inciden en este panorama casos como el de la carrera de Criminalística de la Universidad Tecnológica Metropolitana, cuyos alumnos alegaban que no contarían con fuentes laborales?

Claro, el efecto mediático de ese caso fue muy grande y los alumnos y sus padres registraron la necesidad de elegir las mejores carreras en las mejores instituciones. Eso si, no creo que sea una absoluta obligación de la universidad asegurarle a la persona que entra a estudiar que va a tener trabajo, eso es más bien un tema del crecimiento del país.

Es muy complicado que se asocie la tarea de la universidad a una situación de mercado, que no depende de ella. Nuestra obligación es entregar conocimiento, aunque sí nos condiciona el hecho que seamos uno de los pocos países del mundo en que la acreditación profesional la da la universidad. En Estados Unidos se dan grados universitarios, acá no. Somos nosotros los que otorgamos los títulos que habilitan de por vida a los profesionales, lo que no es bueno, ya que alguien puede estar alejado de su carrera durante 30 años y vuelve a ella sin necesidad de actualizar sus conocimientos.

La formación continúa es entonces una necesidad en un país como el nuestro, debido a la velocidad de los cambios que se registran día a día.

 

A propósito del tema de formación universitaria y relacionada con el perfil hiper profesionalizante que existe hoy. ¿Han considerado hacer reformas al currículo?

En el año 2000 la universidad practicó con lo que en ese tiempo fue una reforma bastante revolucionaria, al crear el sistema 4-2, que implica que todas nuestras carreras otorgan una licenciatura en el cuarto año y el alumno tiene la opción de continuar por dos años más y obtener un magíster. Para diseñar las licenciaturas dimos más importancia a la formación general. En esta etapa tratamos de evitar la excesiva profesionalización, así en los primeros cuatro años, fuera de adquirir las competencias que son importantes, deben conocer aspectos generales, que obligadamente conlleva aprender y desarrollar conocimientos que completen la formación del estudiante.

Esto se ha establecido en nuestras mallas curriculares, que hoy tienen entre un 25 y un 30% de sus conocimientos orientados a la formación general, esto porque en el mundo desarrollado las personas no saben en qué sectores terminarán trabajando. Por ejemplo en Estados Unidos, una parte importante de los ejecutivos de las empresas provienen del mundo de las humanidades, algo que hace años habría sido impensable.

 

¿Cómo hace la UNAB para relacionarse con las empresas para desarrollar trabajos y proyectos de innovación?, ¿Incide en el trabajo docente y en los alumnos?

Hemos hecho un acercamiento al mundo productivo a través de diferentes áreas, por ejemplo, el grupo de biotecnología vegetal trabaja inmerso en sectores de producción agrícola, específicamente en el área de cultivo de carozos, pues somos parte de un consorcio empresarial. La Facultad de Ingeniería hizo el año pasado con una renovación muy fuerte en este sentido, que apunta a que los alumnos desde el primer año traben conocimiento con el mundo productivo. Para conseguir esto hemos establecido una gran cantidad de convenios con empresas, con el aparato productivo del Estado y así salgan preparados para insertarse al mundo laboral. También lo hemos hecho con carreras como Trabajo Social, nuestros alumnos están permanentemente desarrollando prácticas, no solo buscando espacios en las municipalidades como era lo tradicional, sino que en industrias, pues el ámbito de la gestión de personal es muy complejo, y hoy reúne el trabajo de diferentes profesionales.

 

¿Y cuáles son las carreras más fáciles de abrir al mercado laboral?

Ingeniería en acuicultura es un caso especial, pues las empresas llegan a buscar estudiantes, lo mismo pasa con enfermería, pues son carreras con 100% de empleabilidad.

 

¿Esta búsqueda de calidad por parte de los estudiantes, redunda en alzas de los puntajes de ingreso?

Estamos muy satisfechos con el ingreso de este año, pues hemos recibido buenos alumnos, hay carreras que han subido significativamente sus puntajes, por ejemplo derecho, en la que se inscriben 280 personas, y dónde subió el puntaje de corte en 35 puntos. Pero universidades como la nuestra, y no me refiero a las de elite, sino a instituciones como la Mayor, o la Portales, recibimos una gran cantidad de alumnos que provienen de colegios municipales, donde buena parte son primera generación en la universidad. En este punto estamos cumpliendo un rol de impulsar la movilidad social, que nos obliga a hacer un seguimiento permanente de los alumnos, pues la deserción no es un tema trivial y puedo decir con mucha satisfacción que nuestros promedios son los más bajos y no porque tengamos una flexibilidad en los estudios, si no porque estamos detectando tempranamente a los alumnos que comienzan a fallar, para los que se destinan labores de apoyo mediante tutorías y otros mecanismos, porque lo ideal sería que todos quienes se inscriben consigan graduarse.

Sin embargo, aunque eso no sea posible, igual nos esforzamos en que nuestros graduados, independiente de su puntaje de entrada, terminen con el mismo nivel que los profesionales que forman las universidades públicas. La prueba más palpable de eso está en la buena acogida de nuestros egresados de parte de las empresas o de las universidades que los reciben cuando se integran en programas de postgrado.

¿En qué medida les ha aportado su relación con el Consorcio Educacional Laureated Learning System?

Ellos no nos han dicho cómo desarrollar nuestro proyecto estratégico y académico, si no que más bien hemos aprendido de su experiencia, pues debemos seguir las reglas de cualquier institución que quiera sobrevivir en una sociedad como la nuestra. Ellos, como el fondo de inversión que son, no discuten nuestras decisiones de desarrollo, ya sea de alumnado o infraestructura. Sólo debemos demostrar que lo que pedimos está debidamente resguardado. Así nos movemos en un ámbito académico, cautelando una administración financiera eficiente. Entonces frente a la estructura de propiedad anterior, para los que estamos inmersos en el área académica, no ha significado un cambio, pues hemos reforzados las unidades de la Universidad con gente que se preocupa de la gestión y de entregar la información más transparente a nuestros socios.

 

¿Cómo relaciona los dos afectos que usted siente por el mar y la universidad.

Nací al lado del mar. Desde pequeño me interesaron las ciencias relacionadas con él, y era en un momento de la historia en que oceanografía o biología marina presentaban deficiencias tremendas en un país como Chile, pues no solo poseemos la costa, sino la tremenda riqueza que encierra. Cuando me asocié a la UNAB fue porque me pareció muy atractiva la decisión de entrar con todo al tema de la acuicultura, que era nuevo y complicado. Hoy con acuicultura, biología marina y biotecnología, estamos contribuyendo al progreso de las ciencias del mar, esfuerzo que nos ubica entre las principales en el área. Y es que el país no puede darse el lujo de contar con un número tan reducido de oceanógrafos. Eso es algo que tiene que cambiar.