CLAUDE SHANNON
El profeta tecnológico que cambió
el planeta
Sabemos que el cambio en todo el orbe
es una combinación de múltiples factores, al jerarquizar
los actores queda Claude Shannon como el tecnólogo de mayor
influencia en la historia.
La
humanidad está sufriendo una transformación cualitativa
desde una sociedad industrial a una de servicios, mientras se desarrolla
un debate mundial sobre la influencia de la tecnología informática
en el empleo, ya que de alguna manera se le asocia a la consabida
automatización. En este contexto, ella no es otra cosa que
la continuidad de la antigua revolución industrial que busca
la eficiencia de la producción en masa, pero con tecnologías
de información ubicuas.
Si bien sabemos que este cambio en todo el orbe
es una combinación de múltiples factores, al jerarquizar
los actores queda Claude Shannon como el tecnólogo de mayor
influencia en la historia. Claude Shannon era graduado en matemáticas
e ingeniería eléctrica de la U. de Michigan. Luego,
en el MIT obtuvo un master con “un análisis simbólico
de circuitos eléctricos”. A sugerencia de Vannevar
Bush, Shannon se puso a estudiar como tesis de doctorado del MIT
una manera de reutilizar su conocimiento bajo la guía de
la genetista Bárbara Burks, lo que consiguió con un
“Algebra para Genética Teórica”.
Pero la carta magna de este profeta digital se
publica en 1948 como “Teoría Matemática de la
Comunicación”. Allí enuncia el sujeto de la
teoría de información y propone un modelo esquemático
lineal de un sistema de comunicaciones. Hasta entonces, la comunicación
era pensada como algo que requería enviar ondas electromagnéticas
por un alambre. Era nueva la idea de mandar una secuencia de ceros
y unos, algo que ahora parece tan obvio. Shannon bautiza allí
al bit –contracción de binary digit- como el elemento
fundamental de toda comunicación y ello gatilla todo el desarrollo
futuro.
Sus trabajos posteriores se dedicaron a inteligencia
artificial. El desarrolló programas que jugaban ajedrez y
ratones electrónicos que resolvían problemas laberínticos.
En este contexto, sus predilecciones para el futuro serían:
primero, una combinación de sensor óptico y computador
capaz de aprender a reconocer objetos y gente tal como lo hacen
nuestros ojos y corteza occipital; segundo, una combinación
de manipulador y computador capaz de reproducir las mismas operaciones
de la mano humana y; tercero, un computador capaz de imitar al menos
algunas de las habilidades de formación de conceptos y generalización
que tiene el cerebro humano. El construyó una “máquina
lectora del pensamiento” para jugar a cara o cruz, en la cual
una persona trata de adivinar la elección del adversario.
Un colega de Bell Labs, David Hagelbarger, construyó el prototipo
que registraba y analizaba las opciones anteriores del oponente,
buscando patrones que predijeran la siguiente elección. Dado
que para un humano es casi imposible evitar caer en patrones, la
máquina gana más del 50%. Posteriormente, Shannon
construyó su propia versión y compitió con
la de Hagelbarger en un duelo legendario… la de Shannon ganó.
La teoría de la información también
ha infiltrado campos externos incluyendo la lingüística,
psicología, economía y biología, e incluso
las artes. A comienzos de los cincuenta, la IEEE-TIT publicó
una editorial titulada: “Teoría de la Información,
Fotosíntesis y Religión”, desinflando esta tendencia.
La verdad es que el mismo Shannon, fallecido el 2001, advertía
que la aplicación de su teoría a los sistemas biológicos
podría ser no tan exagerado, porque –en su visión-
existían principios comunes entre las cosas mecánicas
y las vivientes. Cuando se le preguntaba si las máquinas
pueden pensar, contestaba: “Seguro. Yo soy una máquina
y usted lo es y ambos pensamos, ¿o no?”
|